Páginas
- Inicio
- Hoja de vida Armando José del Valle Rodríguez
- publicaciones, narrativas.
- artículos , ensayo.
- Fundacion Funstall
- Liberación Solidaria LS.
- Sede Proyecto Liberación Solidaria
- Proyectos
- Alianzas Estratégica
- Donaciones
- Asociación Solidaria vereda Del Triunfo, La Calera
- Contacto personal
- Cartas a Cami
- Presentación Fundraising Minuto de Dios
domingo, 19 de enero de 2025
Cambio del Metro cuadrado
introducción a las narrativas
jueves, 16 de enero de 2025
LA ENFERMEDAD
( segunda parte )
Por Armando Del Valle
Podríamos afirmar que la condición humana de la enfermedad es una de las limitaciones inherentes a la vida del hombre desde su génesis, y que convivirá con el género humano por siempre.
Uno de los primeros roles que apareció en las comunidades primitivas, fue el miembro comunitario dedicado a la cura y cuidado de los padecimientos que agobiaban a susprimitivos congéneres. Desde inmemorables tiempos la enfermedad ha sido vivida como una agresión para la vida humana, familiar y social. Inicialmente se le dio una connotación de castigo, misterio o represión venida de fuerzas ocultas y de deidades incomprensibles. Su aparición súbita, inesperada y desestabilizadora les hacía pensar a aquellos seres que se trataba de algo más que un limitación humana.
Intrigados por su genesis, los primeros “curanderos” buscaron sus orígenes en la corelación e influencia con los elementos básicos con los que convivian. La nosacausante de la enfermedad podía venir del mundo circundante en que cohabitaban. Transitaba del exterior al interior del cuerpo camuflada en elementos que de un momento a otro, sin saber el porqué, causaban mal estar y crisis en el cuerpo; que hoy la neurociencia define como un transtorno de la homeostasis o del equilibrio energético del organismo, en donde el sistema nervioso autónomo es el responsable de las funciones involuntarias y de la homeostasis corporal, y del mecanismo automatico de autorregulacion, que como un termostato, regula y mantiene el equilibrio quimico y el orden interno del cuerpo. Así el agua, la tierra, la luz, la lluvia, el fuego, los alimentos, la noche y demás elementos participes de su mundo circundante, debían tener algún tipo de causalidad y génesis en los padecimientos terrícolas.
Aquellos rudimentos de guardianes de la salud de los primeros hombres, solo disponían de la “observación” como único medio para descifrar el misterioso porque de enfermarse. Mucho tiempo debió pasar en medio de sus pesquisas y frustraciones sin encontrar solución satisfactoria y mucho menos, alivio a las calamidades de salud que el hombre continuaba impávido sintiendo pasar. Esa impotencia sumada a los múltiples interrogantes de algunos fenómenos naturales, que en ocasiones los injuriaban y arrasaban, los fueron llevando inexorablemente a buscar los orígenes y explicaciones de todo aquello incomprensible para ellos, en elementos provenientes de seres superiores,dioses y maléficos.
Desafortunadamente para de la humanidad, la etiología de la enfermedad humana, permaneció adormilada en la conciencia del hombre por siglos. Los curanderos y magos de las diversas civilizaciones narcotizaron la razón humana explicando y acudiendo a un sin fin de formularios para tratar de mitigar el inevitable desenlace de la incapacidad y la muerte, dejadas a su paso por los incomprensibles cambios corporales. Aun en nuestros días, sobreviven vestigios de algunas creencias atribuidas a “castigos y karmas” por inadecuados comportamientos propios del paciente o de sus antepasados. La enfermedad presentada en sus mil caras, ha sido para el hombre su dolorosa dama de compañía a través de su historia. En los episodios exitosos de la historia pareciera que descansara placida en el desván, en espera que su huésped tuviese un espacio para ella, para continuar inexorablemente, su relación íntima confirmando que son parte el uno del otro. No se concibe la vida sin enfermedad, ni se encuentra la enfermedad sin existencia humana. Por ende, ésta relación debe tener una significación y un sentido claro e inequívoco.
Aparentemente, la enfermedad proporciona daños y desequilibrios en el huésped, truncando o debilitando en el mejor de los casos, la realización de vida del individuo afectado. En realidad no es un “enemigo” para el desarrollo del genero humano. A pesar que la evolución y el desarrollo no han logrado su abolición y control, en su luchatitanica a través de los 160.000 años desde la aparición de Homo Sapiens Sapiens, continua coexistiendo como un “adversario” (en ocasiones mortal) en la propia intimidad de la vida. Un sentido positivo y realizador alimenta la presencia de la enfermedad, y es ser el sentiela que alerta los peligros de desviarse del sentido final y único del “camino en curso” de los seres humanos, ser seres en transito eterno guiadospor la Energia Amoroso de Dios. Ofrece al paciente la posibilidad de “capitalizar su convivencia”, y retomar o modificar su sendero estraviado o confuso; tranaformandoseen uno de los medios de realización y encuentro personal mas eficaces, al alcance de todo ser humano.
Ignacio de Loyola, fundador de la Compania de Jesus, fue uno de los tantos ejemplos de cómo la enfermedad incapacitante de la cruel herida de cañon en una pierna, hizo virar totalmente su vida encontrando el camino de la santidad, al abandonar el poderarrogante, vasallos de su militancia vacía y sin llenura que llevaba como comandante del fuerte español. Pablo de Tarso, camino de Damasco, perseguía cruelmente a los primeros cristianos, cuando un estado convulsivo ajudo y delirante, al caer del caballo,transforma su misión para convertirse en el más creyente de los creyentes de la iglesia primitiva.
En el lecho del enfermo se han tejido infinidad de planes y proyectos de toda índole, que han sido fuente de inspiración y progreso para la humanidad. La escala de valores de cada ser humano, que podría comprarse con “la carta de navegación” que guía su existencia humana, con frecuencia es cuestionada y revaluada ante la presencia de la enfermedad. Incontables seres humanos que buscan desaforados la “felicidad” a través de seudo-valores y dioses consumistas, son revaluados ante la proximidad de la muerte o la incapacidad dejada por un estado morboso.
La convalecencia conciente con frecuencia se convierte en la retoma del norte de la existencia humana y en el faro que en noche de tormenta se enciende quebrando las frustrantes tinieblas para mostrar el verdadero camino. Por su puesto que en tristes ocasiones, el individuo es consumido por el dolor y la desesperación, apagando temporal o permanentemente la calidez de la vida y el anhelo de continuar el asenso a la cumbre de la montaña. En dichos casos, la enfermedad encontró el terreno abonado por el sin sentido y la intrascendencia del ser, gestores funestos de la miseria humana.
Al parecer las limitaciones del ser en ocasiones se esfuerzan para coexistir en el mismo individuo o en su comunidad. Los parámetros de pobreza que rigen los países emergentes son una muestra de como la enfermedad va de la mano de la pobreza identificándose y confundiéndose con ella. Biológicamente la carencia alimentaría lleva a la desnutrición y a la baja de las defensas orgánicas, dejando el terreno preparado para que la enfermedad se anide inmisericorde en el vulnerable huésped.
Así, las “enfermedades de pobres y de ricos” entran a formar parte de las varias y tan odiosas divisiones que agrupan a los habitantes de esta tierra. Bacilos como el de tuberculosis o parásitos como la malaria, tienen éxito asegurado en los millones de famélicos cuerpos de seres que circundan el trópico de cáncer. Exótico seria encontrarlos en los penthouse de Nueva York o cabalgando en los campos de polo del Reino Unido.
Esta convivencia de la pobreza y la enfermedad hace que la lucha efectiva contra ésta última, sea cada vez más difícil y lejana. Los países emergentes se han acostumbrado a cohabitar con la enfermedad del pueblo de una forma tan patológica, que la dimensión de sus consecuencias se han perdido y su connotación destructiva y censurable ha entrado en los niveles de la tolerancia enfermiza por parte de la misma sociedad y de los gobiernos de turno. Las estadísticas mostradas por la comunidad internacional hablan de infames tasas de mortalidad neonatal infantil, afecciones gastrointestinales en niños, vómito y diarrea, infecciones respiratorias, enormes infestaciones parasitarias... en términos y números tan escandalosos, que seguiremos sin entender el silencio y la apatía de los gobiernos ante tan horrenda realidad. Tristemente, las políticas económicas de libre comercio y globalización parecieran tener claro que su prioridad no es la erradicación de la miseria de su pueblo, sino el enriquecimiento y desarrollo parcial del estado y sus actores.
La ignorancia de sus derechos ciudadanos y la carencia de medios dignos de vida en la gente más vulnerable, son factores importantes que se suman al reforzamiento de los obstáculos para la erradicación de tantas agresiones contra la salud de los ciudadanos.
Una de las características por la que nos identificaran las generaciones venideras, será por haber vivido en sociedades enfermas. Mientras existan importantes segmentos de la población vulnerados y limitados en las necesidades básicas para desarrollarse dignamente, estos grupos sociales están enfermos y su condición terminará produciendo efectos nocivos al tejido social.
Nuestra esperanza la estamos sembrando en el CAMBIO de conciencias y criterios hacia un sentido social y solidario de las elites políticas, económicas y gubernamentales, que inician a concientizarse de los paupérrimos resultados de sus gestiones, a lo largo de centurias de arrastrar “políticas” egoístas y mesquinas.
Colombia es una sociedad que está enferma al vivir más de la mitad de la población en parámetros de pobreza. Cuando estos ciudadanos no poseen una atención en salud adecuada, ni educación básica, ni acceso a los servicios públicos. Estamos enfermos cuando siguen siendo apabullantes los índices de muerte infantil por desnutrición y modos de vida insalubres. Sería absurdo pensar que un individuo (nuestro amado país )goza de salud y calidad de vida, si la mitad de sus órganos son disfuncionales o lo hacen inadecuadamente.
La “enfermedad social” en nuestros países se encuentra en un estado de cronicidad. Continuamos desarrollándonos a paso lento e incierto porque ésta condición patológica es uno de los mayores obstáculos para poder incursionar libremente en el camino expedito hacía el desarrollo. El PIB registrado muestra engañosamente un crecimiento en algunos índices de la vida nacional. Pero el crecimiento y superación de las necesidades fundamentales de todo colombiano, permanecen inmóviles y son arrastradas a la sombra de las cifras estadísticas que los gobiernos se complacen en mostrar al mundo: la industria, la estabilidad monetaria, exportaciones, etc. Sucede como la familia que tiene entre sus miembros a un hijo defectuoso, tratando de camuflarlo ante la sociedad. Así pasa con la parte enferma de nuestra nación. Se oculta y se lleva al “inventario del cuarto de san Alejo”.
Por generaciones hemos observado como los gobiernos intentan infructuosamente dar el tratamiento y la medicina necesarios para salir a gozar de la salud patria. Su fracaso podría plantear ésta disyuntiva: ¿la enfermedad social es incurable y por lo tanto fatal o las medicinas y las terapéutica empleadas son insuficientes y/o ineficientes?. La primera opción ha sido respondida parcialmete por la historia de los pueblos. En el viejo continente después de más de dos mil años de guerras e imperios en búsqueda de la estabilidad, han logrado algunas naciones índices de salud y equidad social aceptables. Miremos los países nórticos del mar Báltic.
No estamos ante una enfermedad social terminal. Los tratamientos aplicados a través de la historia nacional han mostrado mezquindad e inoperancia. Los esfuerzos de los gobiernos del tercer mundo se desquebrajan en el mantenimiento de las políticas socioeconómicas a que son adeptos. Con esto, los gigantescos aparatos burocráticos consumen buena parte de las arcas de la nación. El presupuesto destinado a combatir las falencias sociales esenciales es mínimo frente a la dimensión del problema. Los recursos de salud, educación, vivienda, servicios públicos deberían ser mayores que los rublos destinados anualmente al funcionamiento del aparato estatal y bélico. No es así. ¿Por qué NO es importante que todos los nacionales tengamos lo básico y justo para desarrollarnos dignamente? Estos intereses se ventilan sin solucionar cada cuatro años, cuando las campañas presidenciales o los cuerpos colegiados quieren cautivar a sus electores. Pero durante el periodo de gobierno, los ganadores de las contiendas desvían sus intereses al mantenimiento del estado de derecho, la conservación de los mercados internacionales, el crecimiento de la agroindustria, la estabilidad monetaria...; olvidándose que por encima del crecimiento de los parámetros económicos, está la calidad de vida que necesitan y a la que tienen derecho la totalidad de los ciudadanos.
La discusión está en cuál es la jerarquía de valores sociales con que han enfrentado los gobiernos el mandato para el que fueron elegidos. Los partidos tradicionales colombianos han demostrado a lo largo de la historia nacional, que su compromiso no ha sido el combatir la enfermedad social en su base. La CEPAL nos lo confirma al demostrarnos que hoy somo más pobres que hace cuarenta años. Buena parte de la razón de esta situación, es que el país ha gastado y consumido los recursos y esfuerzos en combatir la enfermedad social y los fenómenos generados de la situación de injusticia y desequilibrio sociales en forma inadecuada. A esto se le suma en forma agravante la CORRUPCION en las instituciones del estado, en las privadas, y quizás lo mas preocupante, en el modo de vida y supervivencia en la cotidianidad de buena parte de los colombianos; en donde se ha “institucionalizado” bajo la premisa funesta de que”el fin justifica los medios.”
La insurrección armada, el paramilitarismo, la delincuencia común, el narcotráfico han sido fenómenos reactivos que han aparecido en el acontecer nacional, como respuesta a la búsqueda de un cambio (así no se sepa cuál, ni cómo) necesario y desesperado al inapropiado desarrollo del país y de sus problemas de fondo. Con este planteamiento no quiero decir que la actividad y forma como operan estos cuatro fenómenos que dinamitan la sociedad, se justifique y sea el adecuado en moral y justicia. Nunca lo serán… pero su aparición y presencia actual en la vida nacional, ha crecido y se solidifican soterradamente, en medio de la frustrante insatisfacción del comportamientoeconómico, social y político en que han postrado al país sobre lechos de violencia y corrupción.
Como un cuerpo poseído por la injuria se debilita en medio de la lucha de sus mecanismos de defensa por sobreponerse a la principal enfermedad. Lastimosamente parte de sus recursos y fortalezas las pierde en la contienda contra los otros enemigos sociales que llegaron con la enfermedad y que complican seriamente el pronóstico de vida equitativa, justa y sostenible.
miércoles, 20 de marzo de 2024
EROTISMO Y SENSUALIDAD
Por Armando del Valle
Buscar definiciones y comprensión del erotismo y de una de su más audaz manifestación la sensualidad, es interesante y retador. Si partimos que estamos ante una de las formas de expresión y comunicación más antiguas y sofisticadas que la humanidad haya tenido desde siempre, veremos como todas las culturas las han vivido de una manera particular, marcando en parte, su forma de vida y desarrollo.
Nos encontramos ante la forma más artística, sutil y a la vez compleja a través de la cual el ser humano ha dejado conocer algo de ese mundo misterioso y fantástico de su interioridad. Un yo interno propio e irrepetible, pero con el bagaje de toda la historia del hombre en cada ser,(como diría Jung, “la memoria colectiva”. Y actualmente, los hallazgos que está aportando la neurociencia, al advertir que el 50% de la herencia genética del individuo proviene de sus antepasados: padre, abuelos, hasta los primeros hombres primitivos, y con ella un infinito abanico de posibilidades y tópicos. El otro 50% de sus genes se estructuran con el aporte de las vivencias, experiencias, emociones, etc., acumulas durante la existencia de la persona).
Los caracteres de la personalidad de todo ser humano, necesariamente, está condicionado por múltiples causales provenientes: de su época histórica, su civilización y connotación social en la que por azar nació y se desarrollo. De allí que uno de los canales de comunicación que el hombre ha usado para mostrar al mundo, algo de su complejo “yo-social” interno, ha sido el erotismo que manifiesta en su comportamiento y expresión corporal con que asume la vida y la sensualidad que tapiza buena parte de sus actividades humanas.
Desde los albores de la civilización el erotismo ha tenido su protagonismo, en episodios que perfilaron algunos destinos de la humanidad. Recordemos el relato de Sodoma y Gomorraciudades en el territorio de Moab, hoy Jordania; perdidas en medio de la injusticia y los placeres de la carne son ejemplos de sociedades que fueron victimas de la exacerbación y vivencia sin límites del erotismo líder anárquico de todas las pulsiones ocultas de aquellos seres que fueron cegados por su exuberante e inmanejable existencia. En lo que fuese la ciudad de Ur de Caldea (hoy Irak), patria de Abraham, nacieron los antiguos cuentos de Bagdad de” las mil y una noches”,proligas en sus innumerables facetas de la sensualidad oriental vivida por sus fastuosos gobernantes y sensibles súbditos. Danzas adornadas por la belleza y sugestión de sus mujeres libidinosas que seguramente hasta en sueños fantaseaban.
Desde la milenaria India llegaron las enseñanzas del Kamasutra, en el arte del amor carnal. Allí el lenguaje del erotismo alcanzó su cumbre, mostrándolo como recurso válido y propiciador dela comunicación suprema y más profunda que dos seres pueden lograr en la comunicación intima en el amor físico.
Un fugaz vistazo al interior confidencial de los grandes imperios: Egipcio, Sirio, Persa, Mongol, el Macedonio de Alejandro Magno…, hasta en la modernidad de la Europa colonialista y en la lucha por la independencia de los pueblos sometidos, que se sucedieron a lo largo de la historia de conquista de los territorios, siempre dejan intuir la sin igual influencia para bien o para mal, que tuvieron las relaciones entre los grandes protagonistas y las mujeres que pasaron por sus vidas. Dicho lenguaje siempre tuvo un común denominador: la pasión generada en las libidinosas y sensuales relaciones con la mujer y la sutil influencia ejercida.
Si dividimos en forma simple (sin que deje de ser interesante) la humanidad actual en: oriente y occidente, veremos como sus diferencias sustanciales en su filosofía de vida y religiosidad, van de la mano con la expresión de la sensualidad y el erotismo en estos dos “antagónicos mundos”. Oriente, en donde sus mujeres guardan detrás de sus conservadores y fúnebres atuendos, como preciado tesoro para su esposo, todos los encantos de su belleza y sensualidad. Solamente, al regalar una sonrisa, esas mujeres dejan ver la fuerza que su interioridad y erotismo que solo pertenece a su cónyuge. El mundo que las rodea no puede ser testigo de todas las fuerzas y tendencias que se agitan debajo de sus enfriadores atuendos. Su comportamiento en su entorno, está tipificado por la austeridad y el recato.
En occidente, la piel de la mujer tiende instintivamente a buscar el sol. Su ligera vestimenta deja mucho que insinuar y muy poco que imaginar. La fuerza de su sensualidad y erotismo encuentra sin censura un sin número de canales para mostrarla y promocionarla al mundo: la moda, los cosméticos, su participación protagónica en la sociedad de consumo, su explotación en la comercialización y mercadeo, etc.; en donde desbordan todas las pulsiones y tendencias eróticas que su educación y filosofía de vida les permiten, con libertad permisiva. Así, el bello cuerpo es alcanzado fácilmente por la vista de todos, su sentido de pertenencia es universal y pregona a cada momento el goce de su “libertad” de ataduras a un solo individuo y a la sociedad que impávida contempla sin entender la “revolución de valores y expresiones” que nos presenta el modernismo.
El hombre en oriente vive cargado de normas en su vida profundamente religiosa. Ordena cubrir con una túnica verde los hombros descubiertos de las turistas que curiosas ingresan en las fastuosas mezquitas del Cairo. Sienten que la piel de la mujer es incompatible con la presencia de su profeta. Ellos intentan a diario vivenciar su existencia enmarcándola en sunormatividad religiosa. Viven encaminando el sentido a sus vidas, hacia el faro guía a la trascendencia. Su existencia gira en torno al “más allá”, a diferencia de los occidentales que viven para el “aquí y ahora”. De allí su equipaje es más liviano, al ir de paso por la vida, deben llevar algo cómodo para el camino, libre de ataduras y esclavitudes.
Sin embargo el manejo de los sentires viriles que despiertan la sensualidad de las mujeres occidentales, que pasan por sus calles y mercados, tienden a desbordar su libido (quizás reprimida en publico). Basta observar en un bazar del Cairo (Egipto), como los mercaderes musulmanes buscan ansiosos la más mínima situación para acercarse, rozar o tocar rápidamente, los cuerpos o senos de las turistas que deambulan fascinadas por sus bulliciosos mercados, tapizados de productos exóticos.
El pecado y la sensualidad erótica cohabitan en un punto bisagra poco claro en las tres religiones monoteístas. La sensación de pecado, desacato o injuria en contra de los principios religiosos, siempre conlleva sentimientos de mal estar, remordimiento, pudiendo llegar al desasosiego. La educación religiosa, ha dejado en sus seguidores muchas inexactitudes en lo concerniente al límite existente entre la sensualidad erótica y el pecado en sí. ¿Cuál es el punto en dónde la censura tiene valides?. La falta de claridad y ambigüedades en el conocimiento de este limite, es el responsable que un sin número de personas han sido censurados tanto por su propia conciencia, como por la soterrada censura social. Definitivamente, dicho punto solo está dado por la intencionalidad del acto o comportamiento. La conciencia, la intención y la paz dejada por el episodio vivido, son los parámetros que pueden condenar o exonerar lo punible que pueda tener la sensualidad y el erotismo que acompañan a ciertas vivencias humanas.
Todo ser humano necesita de poseer canales o vías, por los cuales pueda exteriorizar desdesu yo interno, todas esas pulsiones y tendencias morbosas que deambulan por su inconsciente, heredadas de la condición humana, y matizadas por el patrimonio cultural de la civilización a la cual pertenece. El hecho de poder sacarlas al exterior de su yo, es una terapia y alivio en el manejo de dichas fuerzas. Al no poderlo hacer o al sentirse inhibido por las leyes religiosas o sociales, esa energía para-libidinosa se puede voltear sobre el individuo y causarle desajustes e inestabilidades a nivel neurótico, y el estrés y la ansiedad iniciar el camino deldesajuste comprometiendo la calidad de vida y relaciones con el mundo circundante. De allí que para las parejas legítimamente casadas, por el rito que sea, les es permitido dentro de su vida intima hacer uso de todos los recursos al alcance del más sofisticado erotismo ysensualidad. En cambio, los solteros que mantienen relaciones estables o transitorias, si son censurados por hacer uso de esos mismos recursos, al no ser avalados por su sociedad o su religión. Contradictoria posición frente a una misma realidad vivencial.
Ahora bien. La exteriorización del mundo interior que cada uno tiene dentro, único e irrepetible, al ser mostrado por la sensualidad erótica, produce efectos diversos en las personas que presencian ese momento. Algunos disfrutaran de su colorido y extravagancias; otros, insensibles dejaran que pase de lado. Aquellos, lo evitaran por temor a contaminarse de algo prohibido. Ellos, notaran preocupación al sentir identidad con ese mundo misterioso y escondido. Pero lo que realmente preocupa de las personas que entren en contacto con los visos de la interioridad del sexo opuesto, son las posibilidades de atracción complementaria de aquel mundo interno, que de una manera atractiva y novedosa se muestra ante su sentir. Surge allí, una de las más fuertes y frecuentes causas de la infidelidad humana. El fantasma de la infidelidad puede llegar sorpresivamente a tantas personas que quizás han permanecido en el letargo y apatía sentimental con su pareja, por largo tiempo. Tanto los precusoresenemigos de la vida de pareja como la rutinaria convivencia, la apatía sexual, la incomunicación, etc., propician que fácilmente se sucumbe ante los encantos de la sensualidad de otro ser, que atractiva y sutilmente invita a conocer y disfrutar ese mundo interior que siempre se intuye hermoso, nuevo y propulsor.
El “talón de Aquiles” de buena parte de las parejas que entran en crisis debido a la infidelidad de uno de ellos, especialmente, cuando los varones transitan por el ”demonio del medio día”,en los albores de la década de los 50, está dado por la aparición del erotismo y sensualidadque con sus mil formas, ocupa fácilmente los espacios vacíos e inciertos socavados en la personalidad en inestabilidad afectiva.
Es una realidad. La educación que recibimos en occidente con relación a la practica del erotismo y la sensualidad, ha sido dada en su mayoría, por los medios audiovisuales, y de comunicación hablados y escritos, en donde existe una mentalidad mercantilista y consumista que contamina todo lo que pase por sus “fauces”. El lenguaje de la sensualidad y su componente erótico, han sido utilizados por los medios como armas contundentes y por cierto, muy eficientes para llegar al sentir del consumidor, creándole necesidades, muchas de ellas fatuas y efímeras. Así, aumentan en forma increíble, las ganancias comerciales para toda la maquinaria del mercadeo y la globalización, rindiendo de ésta manera culto a los nuevos dioses de pies de barro de la sociedad actual.
Quizás el arte, con sus múltiples facetas, es quien a través del tiempo, ha abierto en forma esplendida, sus puertas y recursos para que la sensualidad y el erotismo se manifiesten con toda generosidad. El artista es el ser que más puede dar existencia a todas esas pulsiones provenientes del “yo interno”, misterioso y desconocido, que experimentamos con especial vigor en este nuevo tiempo. El color, la textura, los elementos, los sonidos, el drama, la actuación, las letras, la fotografía y el sin fin de medios de expresión usados en la actualidad, han logrado mostrarle a la sociedad algo, solo algo, de lo maravilloso y misterioso que habita en la interioridad humana. Cada persona que se coloca frente a uno de esos elementos artísticos, es impresionada por este de una forma única e irrepetible. Nunca podremos saber con exactitud, cómo percibe cada espectador los mensajes subliminales del arte. Cada uno los capta e introyecta en forma única dependiendo de su idiosincrasia, cultura y estado afectivo en que se encuentra en ese momento. De allí, lo difícil y complejo que es legislar desde la religión y la ley, acerca de lo bueno y malo, lo permisivo o lo atrevido de la sensualidad humana, a través de una de sus más bellas y polifacéticas manifestaciones: el arte. En ese mundo no existen las limitaciones ni las ataduras. La libertad expresiva es el timonel. Solamente, la capacidad creativa y destreza del recurso empleado de cada artista, ponen el tope y el límite a lo creado, manado de las profundidades de su interioridad.
La fuerza de la sexualidad de cada ser busca, desesperadamente, medios de expresión y salidas a la superficie de la existencia. Así, debemos valorar y no censurar las infinitas formas de manifestación de la sensualidad y el erotismo humano, que a través de sutilezas y mil formas, muestran y nos deleitan a diario a los seres que poblamos este desconcertante planeta.
Autores, biografías
LA FE
Uno de los grandes "baches" en el que se debate la vida contemporánea y que paulatinamente está ingresando al camino del adormeci...
-
Uno de los grandes "baches" en el que se debate la vida contemporánea y que paulatinamente está ingresando al camino del adormeci...
-
EL MORTIÑO EN LA ENCRUCIJADA narra un crítico y crónico periodo de la convivencia cotidiana, de un pequeño pueblo incrustado en el territo...